El Quijote según Gabo
Muchos años después, frente al pelotón de molinos de viento, el ingenioso hidalgo Don Quijote había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a degustar el queso. La Mancha era entonces una región de casas humildes, hechas de barro y cañabrava a orillas del Guadiana, cuyas aguas se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y pequeñas como huevos de codorniz. El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con la lanza. El día que lo iban a matar, Sancho se levantó a las cinco y media de la mañana para esperar el carro en que llegaba el sacristán. Había soñado que atravesaba un bosque de encinas donde caía un refrescante aguacero, y por un instante fue feliz en el sueño, pero al despertar se sintió por completo salpicado de cagadas de gorriones. Aureliano Buendía y Santiago Nasar les esperaban esa tarde en los batanes, aguardando su fusilamiento. Los cuatro sabían que había llegado su hora, porque la...