El Quijote según Gabo


Muchos años después, frente al pelotón de molinos de viento, el ingenioso hidalgo Don Quijote había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a degustar el queso.

La Mancha era entonces una región de casas humildes, hechas de barro y cañabrava a orillas del Guadiana, cuyas aguas se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y pequeñas como huevos de codorniz. El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con la lanza.

El día que lo iban a matar, Sancho se levantó a las cinco y media de la mañana para esperar el carro en que llegaba el sacristán. Había soñado que atravesaba un bosque de encinas donde caía un refrescante aguacero, y por un instante fue feliz en el sueño, pero al despertar se sintió por completo salpicado de cagadas de gorriones.

Aureliano Buendía y Santiago Nasar les esperaban esa tarde en los batanes, aguardando su fusilamiento. Los cuatro sabían que había llegado su hora, porque las estirpes de caballeros andantes no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra

Aunque, quién sabe, tal vez el bálsamo de fierabrás sí que pudiera dársela.

Relato presentado en la web https://estanochetecuento.com/. Tema: Quijoterías. Abril 2025.

(197/200 palabras)

Comentarios

Entradas populares de este blog

Solo fue un mal sueño

Se me alargó el pacharán

Contrastes