Se armó el Belén

Nunca le conocí novio a mi hermana. Iba y venía con sus amigas, a veces hacía planes sola, y la mayoría de sus salidas eran en familia, conmigo a su lado.

Por eso cuando su vientre comenzó a ganar volumen, como familia sedentaria que somos, lo atribuimos a la mala alimentación y a la falta de ejercicio.

Pese a apuntarnos los dos al gimnasio y ejercitarnos a tope, he de decir que mi contorno no disminuyó, pero es que el suyo fue a más.

Cuando se hizo evidente su avanzado estado de embarazo ninguno supimos qué decir. Mi padre evitaba abordar el tema, mi madre bastante hacía ya lidiando con su depresión, y yo nunca tuve el don de afrontar las situaciones difíciles. Así que todos hicimos como si nada.

Ella tampoco soltaba prenda, por lo que nos dedicamos a hablar del tiempo y las flores hasta que llegó, por fin, el día del parto.

En el momento en que aparecieron en el paritorio tres reyes en camello portando oro, incienso y mirra fue cuando entendimos la verdadera magnitud de la situación.

Publicado en la cuenta de Instagram Microrrelatos para colibrís

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