Una mirilla divina
Desde que San Pedro me acomodó en mi pequeña parcela celestial estoy en la verdadera gloria. Seguro que tuvo en cuenta que en mi vida terrenal fui portera, porque desde mi nueva ubicación puedo fisgar a base de bien a mi antiguo vecindario.
No logré enterarme en vida, pero por fin conocí que la cúrcuma era el ingrediente secreto de las croquetas de Remedios, la del quinto. Ojalá pudiera probarlas. Así compensaría lo que me ha dolido conocer quién era el padre secreto de la niña del ático: maldito Manolo, como algún día subas por aquí, te tragas nuestro anillo.
Accésit en XVII Concurso de microrrelatos Bibliotecas Públicas de Madrid.
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