Prioridades
Ya llevo casi dos años sirviendo en la mansión del patrón. La verdad es que, desde que empecé a trabajar aquí, logré mejorar, al fin, la calidad de vida de mis padres. Ellos me lo dieron todo, aunque no teníamos apenas para comer, y gracias a esta inesperada oportunidad, últimamente pueden disfrutar de una vida digna. Pero todo tiene su precio. Cuando el señor me contrató ya me dejó bien claro que debo ser muy obediente. Con mi entallado uniforme de falda corta y escote generoso, cocino y limpio la casa, estoy siempre a su disposición, y atiendo a todas sus peticiones y a las de sus amigos de confianza. Sé que no puedo negarme. A veces resulta un poco desagradable, pero todo el mundo en sus trabajos desempeña funciones que le agradan menos, y lo importante es poder llegar desahogada a fin de mes. Hay dos compañeras que dicen no aguantar más. Están hartas de hacer cosas que no desean, y van a denunciar al señor. Me han pedido que, por favor, yo también lo haga. Y reconozco que me lo he ...