Filomena y su vital esencia

Esa mañana de Enero sus ojos reflejaban esperanza. Daba igual el hielo y la escarcha, y ese gélido viento que asolaba su pequeña aldea, cercenando la piel de sus paisanos. Ella estaba por encima de cualquier obstáculo, su vitalidad no entendía de límites, y menos si estos pretendían ser climatológicos.

Baltasar ya había abierto camino hace horas, pertrechado en su raído abrigo y con su mente ajena a las inclemencias. Ocho pequeños estómagos que alimentar eran suficientes para distraer cualquier atisbo de zozobra ante la lucha diaria, y no permitían el desaliento, por tentador que fuera permanecer al calor de la lumbre.

La Alcarria mostraba su cara más ruda, emboscada en su invernal silencio, y empeñada en compartir su yerma esencia sólo con los que de verdad la sentían como propia y tenían los arrestos para soportar sus poderosos envites.

El rigor de su pulso fue dejando en la cuneta a los menos afortunados. Un día Baltasar no logró regresar a la lumbre, y los pequeños estómagos que alimentaba corrieron suerte desigual. Alguno de ellos hoy aún lo cuenta, y puede atestiguar que el espíritu de la vital Filomena pasó a formar parte, inmortal y centenario, del sobrio encanto alcarreño.

Relato presentado en la web https://estanochetecuento.com/. Tema: Mujer rural. Septiembre 2016.

(200/200 palabras)

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