Lealtad visceral

Cómo te echo de menos, Rocky.

En mi celda cierro los ojos y me viene a la mente tu mirada fiel, cómo buscabas nuestro cariño y compañía, aunque a menudo Julio te dejara sin comer cuando volvía borracho del trabajo.

En ciertas ocasiones me apenaba golpearte cuando daba rienda suelta a mi frustración, he de reconocerlo. ¿Recuerdas aquel día en que mis padres dijeron no querer volver a verme en la vida? Cómo me dolió aquello, amigo, ¡me volví loca! Pero ahí estabas tú, recibiendo mis embestidas sin apenas quejarte, y permaneciendo cerca para que pudiera desahogarme más y más, hasta casi quedarme sin aliento.

Qué imponente te mostrabas cuando te enseñamos a pelear para poder pagar nuestras dosis. Nos hiciste ganar mucho dinero hasta que un correoso pitbull te hizo perder la visión en el ojo derecho. Llegué a admirarte, pero aquello se trataba de un espejismo: siempre fuiste el mismo perdedor.

Lo que nunca podré olvidar es el día en que vinieron esos señores a buscarte, acompañados por aquel vecino entrometido. Cuando te llevaron no pude soportarlo y tuve que ocuparme de Julio: el desalmado te dejaba sin comer. Yo también soy leal, Rocky. Me entiendes, ¿verdad?

Relato presentado en la web https://estanochetecuento.com/. Tema: Perros y gatos. Enero 2017.

(199/200 palabras)

Comentarios

Entradas populares de este blog

Solo fue un mal sueño

Se me alargó el pacharán

Contrastes